lunes, 27 de abril de 2009

Bertolt Brecht y el teatro épico



Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán, es autor de la frase que encabeza este blog.


Por ello es justo que el primer post esté dedicado a él, que pese a ser de familia acomodada se decantó por ideas marxistas siempre apostando por la justicia social. Gran crítico de los regímenes políticos de su tiempo huyó de su país ante la ascensión nazi. Durante su exilio vivió en Finlandia, Rusia, Dinamarca, Estados Unidos y finalmente Suiza. De hecho también huyó de EEUU tras haber sido interrogado por sus ideas antiamericanas / comunistas. Aunque durante estos años se encontró en una situación económica difícil, tuvo que viajar a Londres, París e incluso Nueva York para poder representar sus obras.


Brecht creó un nuevo tipo de teatro, llamado "teatro épico" en el que pretendía hacer pensar al espectador, más que entretenerlo o exponerle una idea. El teatro épico o de política presenta al público los lados opuestos de un argumento. Brecht creía que el teatro podría ser un instrumento más para transformar el mundo.


El teatro épico podría ser el precursor del que en la actualidad se denomina "Teatro social o Teatro del Oprimido", todavía muy desconocido en España.


El Teatro Social apuesta por utilizar el teatro como ensayo de la acción social. Se trata de estimular al público (que participa activamente) a reflexionar sobre el pasado, transformando la realidad presente y reinventando el futuro.


"Este teatro no presenta solo una visión del mundo, sino que lo cuestiona con propuestas concretas de opresión o dificultad social, experimentando diferentes opciones de respuesta. Estas son ensayadas, en escena, con la finalidad de emplearlas en procesos futuros de cambio comunitario que repercutirán en el crecimiento personal del individuo como actor social"*


No podría dejar pasar la oportunidad de poner algo escrito por Bertolt Brecht.



Palabras de un obrero a un médico


¡Nosotros sabemos lo que nos enferma!

Cuando nos sentimos mal nos enteramos

que eres tú el que nos va a curar.


Durante diez años, nos dicen,

en hermosas escuelas

construidas con dinero del pueblo,

aprendiste a curar, y tu ciencia

te ha costado una fortuna.

Tienes que saber curar.


¿Sabes curar?

En tu consultorio

nos arrancan los harapos

y tú aplicas el oído a nuestros cuerpos desnudos.


Una mirada a los harapos te informaría mejor

sobre la causa de nuestra enfermedad.

La misma causa

desgasta nuestros cuerpos y nuestras ropas.


Dices que el dolor en el hombro

proviene de la humedad, de la que

también proviene la mancha que hay

en la pared de nuestra casa.


Dinos entonces:

¿de dónde proviene la humedad?


Exceso de trabajo y falta de comida

nos hacen flacos y débiles.


Tu receta dice:

“Tiene que aumentar de peso.”

Es como decirle al junco

que no debe mojarse


¿Cuánto tiempo nos dedicas?

Es evidente: la alfombra de tu casa

cuesta tanto como cinco mil consultas.


Probablemente dirás que eres inocente.

La mancha de humedad en la pared

de nuestra casa dice lo mismo.




Podéis leer algo más de la obra traducida de Bertolt Brecht en A Media Voz ( http://amediavoz.com/brecht.htm)





Foto: Pintada en la calle Ferlandina amb Joaquín Costa (Barcelona) Extraída del blog "Imatges i Paraules" (http://llibresimes.blogspot.com/)
Fuente: Wikipedia.com,biografiasyvidas.com

*Extracto de la presentación de la Asociación Trans-formas dedicada al Teatro Social y al Teatro del Oprimido ( http://www.trans-formas.com/ )